La niña nueva

Fue en aquellos tiempos cuando la gente no sabía de malicia y los chicos podían quedarse jugando fuera de casa hasta el filo de la media noche. Eran alrededor de veinte niños del vecindario a los que se les podía ver correr de un lado a otro de la calle, internándose en los patios de las casas jugando al escondite.

El ambiente era perfecto, el alumbrado público aun no existía, y los coches no circulaban mucho por esa avenida, así que la única luz que había era la de las casas, y en aquellos terrenos baldíos o casas abandonadas, solo estaba la luna para alumbrar su camino.

Había un chico que no hablaba, no porque no pudiera, si no porque simplemente no le interesaba, solamente decía lo que había que decir, y cuando había que decirlo, lo cual no ocurría muy seguido. Esa noche mientras estaba escondido tras un arbusto, salió muy enojado a terminar el juego, se negaba a continuar porque la niña nueva no se le despegaba ni un momento. Todos se miraron con asombro, y le hicieron saber que esa noche, jugaban los mismos de siempre, que no había ninguna niña nueva, pero aun así se marchó.

Los demás continuaron el juego, pero esta vez algo había cambiado, se sentían observados, una agitada respiración les soplaba en la nuca mientras estaban encorvados en un rincón.

Pero chicos son chicos, y se negaban a terminar su jornada de juegos antes de tiempo, hasta que observaron un resplandor rojizo venir tras de una casa, todos fueron hacia allá a ver de qué se trataba, y ahí estaba la niña nueva…aquella de ojos rojos como el fuego, de cabellera negra y pálida cara, con enormes unas enormes garras y sonrisa macabra, les anunciaba que esa noche, la hija del demonio jugaría con ellos.

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