Falla en la electricidad

Falla en la electricidad

Estábamos mi novia y yo tomados de la mano, sentados en el sofá frente al televisor esperando que comenzara nuestro programa favorito: Un cuento de terror. En esa emisión cada día presentaban una historia nueva, ya podía ser de vampiros, hombres lobo, momias o fantasmas.

El locutor del programa estaba a punto de decir el nombre del episodio de hoy, cuando intempestivamente se fue la luz.

– ¡Bonita hora para que falle la energía eléctrica! Debe ser un fusible, déjame ir por ellos. Dijo ella

– En el instante en que lo traigas, yo lo cambio. Le respondí.

La casa era de dos plantas. En la parte de abajo (es decir, donde nos encontrábamos) se hallaba el comedor, la sala, un medio baño y una biblioteca. Mientras tanto, en la parte de arriba se encontraban las habitaciones (tres para ser exactos) y un baño completo.

A los pocos minutos mi novia regresó con los fusibles y una lámpara.

– Aquí están. El medidor y todo lo relacionado con la luz se encuentra junto al estudio.

– De acuerdo, si necesito algo te aviso. Le dije.

Me dirigí a la pared del fondo y antes de que pudiera echarle un vistazo a los fusibles, escuche una voz débil proveniente del cuarto.

– ¿Eres tú sobrina?

– No señora. ¿Quiere que le llame?

– No, solamente necesito que me hagas un favor. Ven acá toca mi frente para ver si ya me bajo la calentura.

Corrí tan rápido hacía allá que tropecé y la lámpara que llevaba en la mano se hizo añicos. Entré y alcance a percibir una silueta. Una delgada mano tocó la mía y la encaminó a su frente.

– Está ardiendo señora. Ahora mismo le digo a Isidora que venga.

– Isidora, ven pronto, tu tía se siente muy mal.

– ¿Mi tía? La única tía que tengo vivía en Canadá y hace más de 20 años que falleció.

En ese momento, la energía eléctrica regresó y quede anonadado al notar que el estudio estaba vacío.

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